Nave Dragón

“Nave Dragón” es el álbum de “reguetón futurista” de Lola Índigo

Analizamos “Nave Dragón”, el nuevo disco de Lola Índigo, en cinco claves

| Por Juan Manuel Freire

Callando bocas a quienes la consideraron “one hit wonder” en los días de “Yo no quiero ná”, la antigua Mimi de “Operación Triunfo” ha logrado no solo sobrevivir, sino despuntar en la densa jungla de la escena pop urbana. “Nave Dragón” le permitirá seguir en lo más alto de la popularidad: tiene todo lo que la gente quiere y necesita, es decir, efectivo perreito para el desenfreno y también para llorar. Pero es también, como ella misma dice, un ejercicio de “reguetón futurista”. Debajo, el lanzamiento en cinco claves.

1. Lo que vino antes

Para quien haya vivido debajo de una piedra en la última década, hagamos un breve recap de la vida y obra de Lola Índigo. O Miriam Doblas Muñoz, como aparece en su DNI. Nacida en Madrid en 1992, pero criada en Huétor Tájar (Granada), desde muy joven despuntó en el baile y con 20 años empezó a desempeñarlo profesionalmente en China, donde según ha contado le pagaban muy bien. De vuelta en España, sobrevivió a su fallido paso por “Fama Revolution” (en 2010) y “Operación Triunfo” (en 2017) y, el mismo año que quedó cuarta en “Tu cara me suena” (en 2018), lanzó un primer single, “Ya no quiero ná”, convertido en fenómeno popular.

En su primer álbum, “Akelarre” (2019), contó con featurings de Mala Rodríguez y Maikel Delacalle. Le siguió el aún más pop, a todos los niveles, “La Niña” (2021), con extensión documental en Prime Video. “El Dragón” (2023) sorprendió por su mayor sofisticación en sonido e interpretación. El EP “GRX” (2024) la vio fusionar sus inquietudes habituales con el folclore granadino. “Nave Dragón” iba a ser otro EP, pero se retrasaron los tiempos, los hits se acumularon… Y Mimi decidió que era otro álbum.


2. Futurismo y conexión Ye

El reguetón es el género que predomina en el disco; reguetón de sabores familiares y, a la vez, “futurista”, como ella misma explicó a ‘Billboard AR’. En “Mission005” encontramos algunos detalles sónicos interesantes, como esos tintineos de ciencia ficción o una voz cuyo pitch varía de modos tan misteriosos como hábiles. También sorprende el interesante uso de la distorsión al final de la expeditiva “Mi coleta”. O el salto casi sin red a la melodía emo y el drum’n’bass de “Pesadillas”, que además incluye guiño al clásico dancehall “Bam Bam” de Sister Nancy, famosamente sampleado por Kanye West en “Famous”.

Hay que dar las gracias por todos esos temas a su habitual Tunvao, principal responsable de la producción en un álbum que, además, aprovecha el talento del tándem formado por Mauricio Rengifo y Andrés Torres, hitmakers para Aitana o Sebastián Yatra. Estos últimos se encargan de la pegadiza “Sin autotune” o el hit del verano pasado “La reina”, cruce de merengue con afilados sonidos dance.



3. Las colaboraciones

A nivel vocal la acompaña en el disco gente como el colombiano Manuel Turizo (“1000cosas”), el emergente artista chileno Kidd Voodoo (“Q somos?”), Quevedo (“Mi coleta”) o Paulo Londra (“Perreito pa llorar”), aunque las mejores apariciones son las de María Becerra y Villano Antillano en la remezcla de “La reina”, con nuevas frases desafiantes, además, de la propia Mimi: “Me traje a do' amiga' pa' hacer un three way/ Vamo' de party en party rompiendo la ley”.

“Elegí a gente que me parecía pura de corazón”, ha dicho la artista para explicar su proceso de selección’. “Para mí, Paulo Londra es puro de corazón. Es un ángel, he aprendido mucho de él. Es un niño lindo. Me acuerdo cuando le pregunté cómo se había sentido él al tener que dejar de sacar música [entre 2019 y 2022, por un conflicto legal con la discográfica Big Ligas] y me dijo: ‘Los tiempos de Dios son perfectos. Y yo tenía que aprovechar ese tiempo de pausa para estar con mi familia’”.


4. Letras sexuales y vulnerables

En la comentada “Mission005”, el objetivo es puramente carnal: “Tengo la misión de volverte a ver/ Qué rico si no’ comemo’ otra vez/ Dices que lo nuestro no podía ser/ Pero sé que te puedo convencer”, canta en el estribillo. Y en esas seguimos en “1000cosas”, en la que se repite lo de “rico”: “Y yo quiero volver hacerte mil cosas/ Y recordar lo rico que fue”. La autoafirmación manda en “La reina”, en la que avisa a su objeto de deseo que sin ella él no es nadie; que detrás de (o, mejor, al lado) de un gran hombre suele haber una mujer aún mayor.

Pero Mimi tiene a bien mostrarse más vulnerable en el corte de desamor “Sin autotune”, que ella pareció presentar con el explícito título de “x fuera bailando y llorando x dentro”, línea del estribillo. “Bailando con lágrimas en los ojos”, como cantaban Ultravox en 1984. En “Pesadillas”, además, canta sobre los desafíos de dejar atrás una relación y aceptar que la otra persona (por muy tóxica que fuese) le olvide.


5. La imagen

Tanto desde el título como desde la portada, “Nave Dragón” es clara secuela de “El Dragón”, disco en el que presentaba a un nuevo personaje tras La Niña y La Bruja. Pero precisamente de “La bruja” (Robert Eggers, 2015) parecen surgidas algunas imágenes del vídeo de “Pesadillas”, homenaje al cine de terror con coreografías como exorcismos y un montaje sincopado que remite a los créditos iniciales de “American Horror Story”.

En una onda completamente distinta, el videoclip de “Perreito pa llorar” muestra a una Mimi derrotada, con el rímel corrido, antes de encontrar cobijo en la amistad de Paulo Londra, al que ha pillado firmando con spray en publicidad… de la propia Lola Índigo. La versión más furiosa de la artista, o dicho de otro modo, El Dragón, resurge en el vídeo de “Sin autotune”, filmado en parte en una escuela de baile donde se desarrolla una coreografía de gran impacto.



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