La doble vida de “Empty Sky”, el primer álbum de Elton John

La doble vida de “Empty Sky”, el primer álbum de Elton John

Aunque no tardaría en enmendar el rumbo y convertirse en uno de los astros más brillantes de la galaxia pop, Elton John empezó su carrera con un álbum irregular que vendió poco y tardaría años en publicarse en los Estados Unidos.


| Por César Luquero

El 8 de julio de 2023, el estadio Tele2 Arena de Estocolmo acogió el último concierto de “Farewell Yellow Brick Road”, la gira con que Elton John se despedía de la carretera. El tour había comenzado en septiembre de 2018 y a día de hoy ocupa el tercer lugar en la lista de giras con mayor recaudación de la historia, solo superado por “The Eras Tour” de Taylor Swift y por “Music of the Spheres” de Coldplay, que concluirá en septiembre de 2025. Recaudó 939 millones de dólares y congregó a seis millones de espectadores en 330 fechas, incluida una en Madrid en 2019 y dos en Barcelona en 2023.

Fue la enésima constatación del alcance que la obra del músico británico, nacido en 1947, ha obtenido a lo largo de casi 60 años. Y no solo por la durabilidad e impacto cultural de su repertorio, sino también por los números que lo acompañan. Son pocos los que han vendido más discos que él –The Beatles, Michael Jackson, Elvis Presley– y su expansiva creatividad le ha permitido brillar en cualquier registro interpretativo durante su amplísima trayectoria, siendo reconocido con todos los premios que cabe imaginar y bendecido en las listas de éxito a escala global durante más de medio siglo. Pero los primeros pasos por su particular camino de baldosas amarillas no fueron ni tan sencillos ni tan gratificantes. Rebobinemos, pues.


Un cielo (todavía) sin estrellas

Antes de convertirse en rutilante estrella pop, Elton John –quien todavía no había cambiado su nombre real, Reginald Dwight, por el artístico– se ganaba la vida cantando y tocando teclados en Bluesology, grupo de rhythm’n’blues y soul que acompañaba a artistas norteamericanos en gira por el Reino Unido. Con Bluesology grabó dos singles para el sello Fontana entre 1965 y 1967, año en que decidió dejarlo para trabajar como compositor junto al letrista Bernie Taupin en el sello y editorial musical DJM. El tándem creativo formado por ambos es un excepcional ejemplo de durabilidad en un contexto tan voluble como el de la música pop. Juntos han escrito buena parte del triunfal cancionero del británico –“Your Song”, “I’m Still Standing”, “Rocket Man”, “Crocodile Rock”, “Tiny Dancer”, “Sacrifice” o “Bennie & The Jets” llevan sus firmas– aunque ninguna de las nueve composiciones incluidas en “Empty Sky” –el primer álbum de Elton John, publicado en Reino Unido el 6 de junio de 1969– ha engrosado dicho registro. Este debut pasó con más pena que gloria tras su estreno en las Islas Británicas y no se publicaría en los Estados Unidos hasta varios años después, con una portada diferente a la original. Fue su segundo álbum –“Elton John”, que vio la luz en abril de 1970, también compuesto a medias con Taupin– el que apuntaló las bases de su exitosa carrera.

Apuntes de lo que vendrá

Aunque “Empty Sky” no funcionó bien comercialmente ni tuvo el apoyo de la crítica en el momento de su publicación, es un álbum en el que anidan algunos de los rasgos de carácter que no tardarían en aflorar de manera brillante en sucesivos trabajos de nuestro protagonista. Por supuesto ya está ahí el desempeño exquisito del líder frente al teclado, también la riqueza de los arreglos y la amplitud de su registro vocal, pero pocas canciones tienen el suficiente gancho para fijarse en la memoria.

Aun así, el ADN musical de Elton John se reconoce de inmediato en cortes enérgicos como “Western Ford Gateway” o delicados como “Skyline Pigeon”. Sobre esta última, declaró nuestro Sir en 2013 que fue “la primera canción buena” que él y Taupin escribieron. Pero composiciones como “Val-Hala” –con Bernie anticipándose más de un decenio al rollo nórdico-pagano del black metal–, el extravío con que Elton decide vestir “Hymn 2000” o el formulario acabado soft-rock de “Lady What’s Tomorrow” terminan haciéndose bola.

Como ya hemos explicado, antes de grabar “Empty Sky” el dúo John-Taupin escribía canciones para otros a la búsqueda del hit. Pero la intervención de Steve Brown –quien trabajaba como promotor comercial en DJM Records y terminó produciendo el álbum– fue decisivo para que Elton empezara a hacerlo para sí mismo y se decidiera a registrar un disco a su nombre.

“Empty Sky” se grabó en directo en los estudios Dick James de Oxford Street, en Londres. Las sesiones empezaron en noviembre de 1968 y concluyeron a finales de enero de 1969. Elton John ha reconocido que el tema titular está directamente inspirado en “Sympathy For The Devil” de The Rolling Stones y en “The Scaffold” se aprecia el más que probable influjo de The Band. En cualquier caso, estamos ante un disco de juventud en el que sus artífices tienen la posibilidad de trastear con el oficio que en ese momento estaban aprendiendo y que, a no mucho tardar, les daría reconocimiento y fortuna.


Una nueva vida

El 13 de enero de 1975, MCA Records publicó “Empty Sky” en los Estados Unidos. Política de hechos consumados, porque para entonces Elton John ya había conseguido varios top 1 en Billboard –“Honky Château” (1972), “Don’t Shoot Me I’m Only the Piano Player” (1973), “Goodbye Yellow Brick Road” (1973)– y ese mismo año repetiría la jugada con “Captain Fantastic and the Brown Dirt Cowboy” (1975) y “Rock of the Westies” (1975).

La versión estadounidense del disco presentaba idéntico repertorio al de la edición original, aunque se publicó con una portada diferente que nada tenía que ver con la primera. Se trataba de la ilustración “L’Etranger” (1973), una serigrafía de tonos azulados obra del artista belga Jean Michel Folon (1934-2005). Buen criterio ahí, sin duda.


Nacido en Bruselas aunque establecido en París a principios de la década de los sesenta, Folon fue un artista multidisciplinar que trabajó con formatos y materiales diversos: cartelería, pintura, escultura, fotografía o tapices. A mediados de los setenta, había publicado piezas de forma regular en cabeceras estadounidenses de prestigio como The New Yorker, Esquire o Time, trabajado como diseñador para Olivetti y expuesto parte de su producción en temporales programadas por varios museos de Europa.


La ilustración de Folon usada para esta versión yanqui de “Empty Sky” no fue su primera incursión en el universo discográfico. Álbumes como “The Great Lost Kinks Album” (1973) de The Kinks o “Anima” (1974) de Ricardo Cocciante también lucían en portada su distintivo sello artístico. Y en años sucesivos su trabajo serviría para ilustrar discos de Naná Vasconcelos, Steve Khan o Michel Colombier, entre otros

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